SEVILLA Madama Butterfly

“Necesito dos días para salir del personaje de Madama Butterfly”

La cantante milanesa, una de las más destacadas intérpretes de las heroínas puccinianas de la actualidad, cantará el rol principal de la japonesa Cio-Cio San en el Teatro de la Maestranza los días 6, 9, 12 y 15 de junio.

ANDRÉS MORENO MENGÍBAR / SEVILLA

La intérprete, que debutó precisamente en 1992 con ‘Madama Butterfly’, en la Sala Manuel García.
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Con su llegada a Sevilla se cierra definitivamente un apasionante círculo familiar. Sus tatarabuelos, la soprano italiana Medea Mei y el tenor ruso Nikolai Figner, los cantantes predilectos de Tchaikovsky, cantaron en Sevilla, en el extinto Teatro San Fernando en la primavera de 1885, en una compañía cuya estrella era Julián Gayarre. Y siglo y cuarto más tarde Amarilli Nizza pisa por vez primera la escena sevillana. Ensaya Madama Butterfly en la Sala Manuel García, precisamente el padre de Pauline Viardot, con cuyas canciones grabó su primer disco. Senderos que se bifurcan, pero que acaban por converger en los nudos de la Historia, siempre con el canto como pretexto.-Su debut profesional, en 1992, fue precisamente conMadama Butterfly. Tras estos 20 años, ¿cómo ha cambiado su percepción del personaje? -La principal diferencia es que en este tiempo he tenido un hijo. La experiencia de la maternidad me ha aportado una mayor dramaticidad, sobre todo en las escenas finales, ese momento tremendo en el que el personaje elige suicidarse para salvar a su hijo. Desde que soy madre me resulta casi insoportable, me siento destruida. La música de esos momentos, además, se va haciendo cada vez más intensa. Hace 20 años ya lloraba al cantar esta ópera, pero lo hacía al final; ahora lo hago ya desde el segundo acto. No consigo establecer el distanciamiento respecto al personaje; por el contrario, con la edad ha aumentado mi implicación afectiva con el personaje, no puedo evitar llorar.-En estos personajes tan tremendos, tan fuertes, ¿qué resulta más difícil, entrar o salir? -Es dificilísimo salir del personaje. Yo necesito por lo menos dos días después de cada función para volver a la normalidad, me siento tan deprimida que mi marido debe recordarme que el espectáculo ya ha terminado. Ésta es una ópera tan real. Es una de las primeras denuncias de pedofilia. Ella tiene 15 años y mi hijo tiene casi esa misma edad y eso me toca muy directamente. Y lo que se cuenta en la ópera sucede hoy en Tailandia o en Sudamérica, donde los occidentales compran el sexo con niños a diario.-¿Hay una evolución psicológica y musical del personaje de Cio-Cio-San a lo largo de esta ópera? 

-Veo una evolución más en lo musical, porque en el primer acto resulta una música más romántica que luego se convierte en trágica. El personaje en sí no cambia mucho, porque a lo largo de los tres años que transcurren ella no hace sino reforzar sus convicciones, su confianza en que él regresará. Ella se hace fuerte al enfrentarse a todo el mundo que le rodea, a todos aquellos que le dicen que Pinkerton no volverá. Y no porque sea estúpida, sino porque está realmente convencida de todo lo que Pinkerton le ha dicho, porque ella es pura, ha ejercido de geisha sólo una noche, no es una prostituta, es una niña de 15 años que se enfrenta a la dureza y al cinismo del mundo. Frente a esto, está dispuesta a morir antes que reconocer que todo ha sido mentira.

-En las últimas décadas se ha hecho habitual el que canten el personaje de Butterfly sopranos orientales. ¿Cree que existe una italianidad esencial en esta música? 

-Yo vengo de una familia algo especial, porque mi tatarabuela fue una gran cantante, con una carrera internacional increible, que empezó de mezzosoprano y luego siguió como soprano y que llegó a ser la musa de Tchaikovsky, quien compuso para ella La dama de picasIolanta y Oprichnik. Fue también muy amiga de Puccini y preparó con él mismo sus óperas. Según ella, Puccini decía que todo lo que había escrito era siempre italiano. La ambientación externa puede situarse en el Far West, en China o en Japón, pero en la música no hay casi nada de esas culturas. Al fin y al cabo, Madama Butterfly es el drama de una mujer ingenua traicionada por un hombre y esto no tiene nacionalidad. No es en absoluto oriental. Yo he trabajado mucho en Japón y allí las relaciones personales son mucho más frías y distantes, no hay contacto físico, no se mira a los ojos, se saluda mediante una inclinación. Es todo lo opuesto a la pasionalidad de Puccini. Incluso veo esta ópera más cercana al Sur de Italia, a Nápoles o a Sicilia, donde los sentimientos son más intensos.

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